Estación de partida

Sumergida en mi propia miseria recuerdo el abandono, el vacío cuando niña ¿Acaso jugaba? ¿Por qué no lo recuerdo? Inaudito tormento porque ellos también se fueron.

Lo que más he amado se ha marchado con sus maletas a cuestas y no hago más que quejarme cuando nada puedo hacer. Vuelvo a sentir los vacíos, quisiera ser quien tome las maletas y se marcha con el corazón indoloro, opaco.

Quiero permanecer, me he cansado de las despedidas. Soy una estación de partida, nadie que haya entrado se queda, ni quién en verdad lo desea.

Soy la mujer del andén que observa a su pasajero favorito abordar, quien escucha promesas sin cumplir, quien por un tiempo espera, quien ha aprendido a dejar ir, ahora sin reproches.

Diana Cámara

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